El pebetero de incienso

Una mujer de Nagasaki llamada Kame era una de las pocas personas que
confeccionaban pebeteros para incienso en Japón. Esa clase de pebetero
constituía una obra de arte que sólo se usaba en una sala de té o ante
un santuario familiar.

Kame, cuyo padre también había sido uno de tales artistas, era
aficionada a la bebida. También fumaba y casi siempre estaba en compañía
de hombres. Cada vez que ganaba un poco de dinero, daba una fiesta a la
que invitaba a artistas, poetas, carpinteros, obreros, hombres de
diversas vocaciones y ocupaciones. De la relación con ellos extraía las
ideas para sus diseños.

Kame era extremadamente lenta en la creación, pero cuando había
terminado su trabajo era siempre una obra maestra. Sus pebeteros se
atesoraban en hogares cuyas mujeres nunca bebían ni fumaban ni se
relacionaban libremente con los hombres.

Cierta vez el alcalde de Nagasaki pidió a Kame que diseñara un pebetero
de incienso para él. Ella lo fue retrasando, hasta el punto de que
transcurrió casi medio año. Entonces el alcalde, que había sido
promovido a un cargo de alto funcionario en una ciudad lejana, visitó a
Kame y le instó a que empezara a trabajar en su pebetero.

Por fin se sintió inspirada y Kame hizo el pebetero. Una vez terminado,
lo depositó sobre una mesa. Lo contempló larga y detenidamente. Fumó y
bebió ante él como si le hiciera compañía. Lo observó durante todo el
día.

Finalmente, cogió un martillo y lo hizo añicos. Se daba cuenta de que no
era la creación perfecta que su mente le exigía.