Miso agrio

El monje cocinero Dairyo, que trabajaba en el monasterio de Bankei,
decidió que cuidaría de la salud de su viejo maestro y sólo le daría
miso fresco, una pasta de judía de soja mezclada con trigo y levadura
que a menudo fermenta. Cuando Bankei observó que le servían un miso
mejor que el de sus discípulos, preguntó:

–¿Quién es hoy el cocinero?

Dairyo se presentó ante él y dijo a Bankei que, de acuerdo con su edad y
posición, sólo debía tomar miso fresco. Así pues, Bankei dijo al
cocinero:

–Entonces crees que no debería comer en absoluto.

Dicho esto, entró en su habitación y cerró la puerta.

Dairyo, sentado en el exterior, pidió perdón a su maestro, pero Bankei
no le respondía. Durante siete días Dairyo se sentó fuera y Bankei
dentro.

Finalmente, un miembro del monasterio, desesperado, se dirigió a voz en
grito a Bankei:

–¡Puede que tengas razón, viejo maestro, pero este joven discípulo tiene
que comer! ¡No puede seguir sin comida eternamente!

Al oírlo, Bankei abrió la puerta. Sonriente, le dijo a Dairyo:

–Insisto en comer lo mismo que el último de mis seguidores. Cuando
llegues a ser el maestro, no quiero que lo olvides.